Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato. de un zapatito roto, opaco, desclavado. El patio de la escuela... Apenas tercer grado... Qué largo fue el recreo el más largo el año. Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza. Hubiera preferido tener rotas las piernas y entero mi calzado. Y allí contra una puerta recostada mirándome invadía el cansancio de ver cómo corrían los otros por el patio.
Zapatos con cordones,
zapatos con tirillas, todos zapatos sano
Me sentía en pecado, vencida
y diminuta, mi corazón sangrando...
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Qué anticipo de angustia.
Todavía perdura doliéndome el pasado.
El patio de la escuela
y aquel recreo largo...
Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado. Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado. Un pájaro sin alas tendido al pie de un árbol. La pobreza no tiene perdón... a los diez años.
Una noche de insomnio es la que me diste, mi inconsciente bordabas con caricias arrasaste mi cuerpo, detecte un misterio, se quemó mi inocencia entre las rosas.
Silencio, que no lo fue, me preguntaste ¿qué se siente el ser amada? ¡alto voltaje!, caluroso fue mi cuerpo, con tus manos deleitas, esgrimes fantasías , me dibujas la piel.
El torrente que avanza, llenará mi bahía, tu virilidad estalló, al tenerme otra vez. caricia predilecta, una emoción tan rara, ¡violenta!, temblorosa.
Antes de continuar, detienes tu momento, y preguntas ¿qué se siente, preciosa, el sentirme llegar? mis entrañas se elevan, cada célula mía te absorbe de repente, y como enredadera te envuelvo entre mis brazos.
¡Me siento tan vibrante!, mas si muero un instante , entraría en el Cielo. y estás bella, ¡bellísima!, me dices, y contesto, con un silencio dulce , de no poner palabras al deseo.